Entrevista a Aitor Ortiz

Junio de 2026 en Trépanos

A través de la exposición «Gaudí. Impresiones Íntimas» de Aitor Ortiz, comisariada por Javier González de Durana, en Kutxa Kultur Artegunea (15 Nov 2019 – 16 Feb 2020), tuvimos ocasión de descubrir una faceta más íntima y serena de la obra del arquitecto catalán, la atención sobre el detalle, el sonido y la luz.

Preguntamos al fotógrafo sobre el acercamiento y elaboración de dicho trabajo.

Juan Alberto Vich Álvarez— Desde hace más de 25 años ha venido enfocando su cámara ante edificios industriales, aeropuertos, estaciones… Sin embargo, en 2015 decidió dedicar —durante casi un lustro— especial atención al conjunto de obras gaudinianas. ¿Qué desató ese interés principal y cómo fue evolucionando?

Aitor Ortiz— El proyecto de fotografiar toda la obra construida de Gaudí surgió de una manera fortuita, de un encargo que me planteó una publicación francesa. Me ofrecieron la posibilidad de fotografiar la obra de Gaudí desde mi propio planteamiento creativo y sin restricciones. Pensé en rehusar el encargo porque la imagen que vino a mi cabeza en primera instancia fue ese Gaudí ornamental, exuberante y colorista de las imágenes que abundan sobre su obra, y que tanto distan de mi trabajo.

Pero unos días más tarde recordé mi visita a la casa Milá y a la Sagrada Familia hacía unos 20 años y me pregunté por qué aquella experiencia tan intensa distaba tanto de la imagen que me había hecho a partir de ver su obra publicada y en reportajes. La revisión de su trabajo a través de los millones de fotografías disponibles en publicaciones e internet se había impuesto de una manera vulgar y repetitiva a la propia experiencia directa que tuve visitando sus edificios. Finalmente recogí el guante y fotografié cuatro de sus proyectos construidos. A partir de ahí, y ante mi cambio de perspectiva, decidí ampliar el trabajo y la posibilidad de ofrecer una visión inédita de su obra.

J. A. V. A.— Uno de sus objetivos entiendo que sería mostrar una mirada alejada de la habitual y por todos conocida, tan capturada en la época de la reproductibilidad técnica y democratización de la fotografía a través del teléfono móvil. ¿De qué manera conversaron sus fotografías con la arquitectura de Gaudí? ¿Cuáles fueron sus impresiones íntimas?

A. O.— El título del libro Gaudí. Impresiones íntimas hace alusión al título homónimo de la suite para piano de Frederic Mompou. Todo un ejemplo de austeridad, técnica y delicadeza que ejemplarizaba el propósito de mi trabajo fotográfico. He tratado de huir de la grandilocuencia espacial y centrarme en los detalles con minuciosidad, en un Gaudí más sutil y atento, imperceptible apenas, casi secreto. Ante una obra tan desbordante, creativamente hablando, como la de Gaudí, mi trabajo constantemente consistía en quitar capas de complejidad y saturación. Aislar, silenciar… reducir sus estructuras a la mínima expresión. Esto se ha llevado al extremo en el diseño del libro y su puesta en página. 120 imágenes repartidas entre más de 600 páginas en blanco de papel transluciente, únicamente atravesadas por los breves textos de Orkar Alegría, concebidos para adaptarse a la música y la ligereza de un libro ideado a través de la niebla.

J. A. V. A.—Terminaron siendo 120 fotografías de la Casa Milá, la Sagrada Familia, la Casa Batlló… ¿Cuál de estos espacios y estructuras le generó mayor interés? ¿Cuál le cautivó más?

A. O.— Todos sus proyectos tienen una gran riqueza espacial y detalles constructivos. Emulando a Leonardo Padura, diría que en Gaudí «Una obra son muchas obras en el tiempo y en el espacio y, a la vez, es una sola». Quizá, desde un punto de vista integral, me decanto por la casa Milá, todo un ejemplo de modernidad arquitectónica y urbana, en perfecta consonancia con las artes aplicadas.

J. A. V. A.— Debió tomar decisiones que, a priori, pueden parecer contraintuitivas: decantarse por pequeños formatos cuando pretende capturar la inmensidad, escoger la técnica monocromática del blanco y negro cuando la variedad de colores en Gaudí es tan marcada… ¿Qué motivó estas elecciones y cómo respondía la cámara a las texturas de los diferentes materiales (hierro, bronce, latón, piedra, cerámica…)?

A. O.— La elección del blanco y negro me permitió sintetizar la gran variedad de materiales que Gaudí utilizaba en sus proyectos. Además, me ayudó a neutralizar la expresividad cromática de algunos de ellos, de modo que, en las fotografías, la materialidad se manifiesta principalmente a través de la incidencia de la luz y no como un ornamento superficial.

J. A. V. A.— ¿De qué manera percibió y logró capturar —a través de la cámara— el poderoso componente religioso y espiritual de las obras de Gaudí?

A. O.— Antoni Gaudí fue una persona de convicción religiosa tardía. Un refugio personal quizá motivado, en parte, por un amor no correspondido y alimentado por su incansable y obsesiva dedicación al trabajo. Mi propósito era fotografiar su proceso creativo, poniendo el mismo nivel sus trabajos de investigación en el taller utilizando yesos y cuerdas (lo que quedó tras el incendio de 1936), e incorporarlo de manera natural y sin distinciones a la materialidad de su obra construida. Me interesaba su gran conocimiento de la geometría, que le permitió diseñar y construir estructuras sublimes con un gran poder de sugestión. Pero también quería incidir en los pequeños detalles, desde picaportes, barandillas, verjas, ventanas, escaleras y elementos funcionales, creados para mejorar la vida de las personas. Enfrentar la intensa espiritualidad del genio con las mundanas necesidades humanas. La magnificación de la religiosidad de la figura de Gaudí es una de las cosas que menos me agradan, ya que creo que subyacen profundos intereses sobre la capitalización de su obra.

J. A. V. A.— Ha sido habitual vincular la arquitectura de Gaudí a la música de Wagner, Mozart, Beethoven… Usted la asocia a la de Frederic Mompou. ¿Puede explicar y ahondar en esta cuestión?

A. O.— En las conversaciones preparatorias con Santos Bregaña para el diseño del libro determinamos que no queríamos establecer un orden cronológico ni tipológico de los proyectos fotografiados. Pero nos agradaba la idea de establecer un orden oculto en la secuencia de las imágenes. Inicialmente pensamos en la música de Wagner (del gusto de Gaudí, según sus biógrafos). Pero finalmente nos decantamos por la música de Mompou, con la que Gaudí hubiera sentido afinidad emocional y estética, convincente por su proximidad y sus temas tan «secos» que nos permitimos traducir al lenguaje editorial. Si el espacio vacío modulado solo por la luz cuya procedencia no se hace patente es clave en la arquitectura de Gaudí, el silencio lo es en la música de su coterráneo Mompou. La música de Mompou construye una melodía que subyace, algo así como un orden silencioso que permite fluir a la secuencia, la vibración, el ritmo, el tono y la profundidad en la disposición de las imágenes en el libro.

J. A. V. A.— Muchas gracias, Aitor, y enhorabuena por tan brillante trabajo.

A. O.— Gracias a ti, Juan.

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