
La fundación BilbaoArte expone en la sala Uribitarte40 alrededor de cincuenta obras –pintura, fotografía, instalación, escultura y videoarte– adquiridas a lo largo de 27 años de mecenazgo. Nerea Ayerbe y Jaime Cuenca son los comisarios de esta muestra y los encargados de su ardua selección, entre más de 600 trabajos, que carecen de cohesión: ni temática ni escuela ni corriente artística… Nada. Tan sólo el hecho de pertenecer a la misma colección. Razón de peso para esta metaexposición que permite al visitante no sólo disfrutar de lo estético, también cuestionar qué es una colección, cómo se conforma, de qué manera nos interpela… Lo hace con la obra teatral La colección (2024) de Juan Mayorga de fondo, con la rotundidad de sus diálogos y una llamada directa a la reflexión: “‘No hay orden’, pensarán. Hasta que comprendan que cada pieza ha de ser descubierta precisamente después de la que precede y antes de la que sigue”. Será el espectador quien acceda virgen al espacio, “con ojos limpios, sin prejuicios”, quienes “entren sin ninguna intención y dejen que las cosas los conduzcan”.

El espacio se divide en cuatro salas, que simbolizan diferentes tensiones surgidas en torno a las colecciones: quietud y desplazamiento, pérdida y permanencia, particularidad y conjunto, visibilidad y ocultamiento… La primera, titulada ‘El tiempo que hay entre sus cosas’, alude al movimiento, a la historia propia de las piezas, su recorrido íntimo. Esto mismo expresan las obras aquí recogidas, algunas desde la representación más explícita, como la figura de Kiko Miyares (2004) o el tríptico de Helena Goñi (2017-2019). Viajes, naturaleza, paisajes, carreteras… Porque “cada pieza es una historia”, “la colección es un mapa”, “el coleccionista es el tiempo” y “todo lo que coleccionamos nos recuerda a la muerte”. La segunda sala, titulada ‘Salvar lo necesario’, muestra edificios y escondites, márgenes y jaulas, perímetros, cercos. “La colección es un todo, ni más ni menos… sin alguna de sus partes, será otra cosa”. ¿Qué queda dentro y qué fuera? Destaca la instalación TreeHouse (2021) de Helí García, un refugio de madera y sin árbol. En la tercera, titulada ‘Algo nuevo en las otras’, toma presencia la figura humana. Las siluetas se enfrentan; dialogan entre sí; dialogan con uno, que las observa: un crimen retratado por Kepa Garraza (2004) y la pintura de Ana Riaño que reacciona Cuando ve lo que ha pasado (2011). “Más importante que las piezas lo es su reunión, el modo en que cada una es afectada por las demás”. La última, titulada ‘Un secreto del que la colección es máscara’, lleva consigo el fundido a negro, la noche, el ruido, las luces y sombras. “Hay un secreto del que la colección es máscara, así como cada imagen es máscara de su secreto”. La repetición se vuelve mantra en esta sala: vasos, parches, clavos, bailarinas, saludos… que conectan también con obras previas. Un círculo que se cierra. “La colección tiene un sentido que no tiene el mundo. Es lo que da sentido a todo”.

El espectador como intérprete adquiere un rol participativo en la muestra, también su acompañante, su presente y experiencia. “Mientras estén dentro, cada uno será, para el otro, parte de la colección”. A través de una lectura particular y única, salimos transformados, renovados en cierto grado. De este modo, de la colección no se vuelve, algo de ti se queda ahí, algo de ésta queda en uno.
Cuándo: Hasta el 1 de febrero
Dónde: Sala Uribitarte40 (Fundación BilbaoArte), Bilbao, España
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