Recensión
Diciembre de 2021 en Revista de Arte Contemporáneo Ausart (Universidad del País Vasco)

Vista General © Juantxo Egaña.
Son cuatro las salas —u órbitas— que recogen la exposición «Sin piel» de la artista palentina Marina Núñez (1966) en la Sala Kubo-Kutxa de San Sebastián. La atmósfera generada a partir de las prestaciones técnicas de las obras per se y de la música épica de Luis de la Torre, definen un recorrido circular emocionante donde perderse, falto de origen y de final, sin cronología ni linealidad definida.
La idea del vórtice es constante en la muestra. A partir de la posmodernidad el entorno se ve caracterizado por medio de formas fractales, de geometría y de patrón, de fórmulas algorítmicas o bits de información, que equiparan la naturaleza de todo lo existente (Inmersión, 2018). El presente escenario, reforzado por las innovaciones tecnológicas y de la comunicación, permite la eliminación de fronteras, el flujo de corrientes interconectadas, de redes. El cuerpo deja de ser, pierde rigidez y materia, ofreciéndose voluble para con el medio. Se reflejan así, los filamentos que brotan de los cuerpos en sus fotografías tratadas (La mujer barbuda, 2017), en sus Especies (2019) de cristal, en sus tablas Marejadas (2020) y en las proyecciones Quietas (2021); transformándolos, haciéndolos perder su condición previa.
El estudio ontológico de los seres, definieron sus atributos. Se concibieron los presupuestos y las convenciones, produciendo dolor a los seres conscientes que no comulgaban con los cánones establecidos. Lo monstruoso y lo alterno de sus obras anteriores, representan la incomprensión, la huida de la regla y de la normatividad o, más bien, su cárcel. Empero, en la actualidad, el deber-ser queda en cuestión y el estigma carece de sentido. En sus piezas más recientes, Núñez, reduce la mirada antropocéntrica —la imagen acostumbrada de la fisonomía pierde presencia (a partir de 2018 con mayor rotundidad)— para un mayor énfasis en el entorno. No hay un realismo corporal definido, apenas alusión explícita al género —también lo señaló Isabel Tejada años atrás (Tejada, 2011)—. Los rostros de las mujeres en Fuera de sí. Supernovas (2018) se desintegran al derrumbar las barreras distintivas, fundiéndose en el cosmos —como lo hace, p. ej., Escher en su Lazo de unión (1956) o Dalí en Galatea de las esferas (1952)—.
El ánimo de unificación que subyace, es resultado de la ruptura dicotómica. Un conjunto de jarrones griegos —cráteras de volutas—, contienen y protegen el recuerdo de una serie de microecosistemas en su interior (Naturaleza, 2019). Las vasijas (con asas en espiral), procedentes de la cuna de la filosofía o del logos, hicieron de filtro a nuestra percepción sobre lo terreno. Se aprecia, sin embargo, el carácter indomable de una naturaleza que supera sus límites (como señala la comisaria de la exposición, Susana Blas), en contraposición a la creencia capital de la Modernidad (el cogito cartesiano y su poder de explotación).
Es un lugar desolador (pese a sus ventajas), el nuevo escenario que presenta Marina Núñez para la vida. Una tierra volcánica, fría y funesta. Sorprende ver los cuerpos —volcánicos, fríos y funestos— de esos seres aún con pechos (símbolo canónico de la feminidad); también el poder humano que genera con sus manos un torbellino destructor (El hechicero, 2021), que arrasa con lo arrasado. Da la impresión, de que esta nueva realidad no lograra resolver con éxito la pretendida igualdad ni la ruptura de las dualidades: hombre-mujer, cultura-naturaleza. No hay «androginia» o incapacidad de distinción fenotípica de los sexos, no hay responsabilidad medioambiental en las acciones humanas.
Sin embargo, la crítica permanece. Las cabezas poliédricas de Vanitas (2021) vuelven a expresar un ciclo natural de creación y destrucción: una planta cae sobre éstas y se disuelven, se funden, se derraman (una nueva alusión a lo líquido y maleable que recuerda, de manera inevitable, a Bauman). Planta y cabeza, guardan la misma composición y materia.
Los bucles espacio-temporales de los vórtices evitan la noción entrópica de la degradación. El escenario se ve autosostenido en un repetido equilibrio. En su teórica relación de igualdad y de simetría, no puede haber interacción con lo otro. No hay otro. Sin piel, sólo existe un continuo con el exterior. No hay exterior. La consciencia es otra, no es propia sino común. El fin de la belleza canónica supone el fin de la belleza, porque nada destaca sobre nada. En este desierto nihilista, todo lo pendiente por ver será una fracción aumentada de lo conocido. Si bien Núñez rechaza la medición y el dominio moderno, parece que el nuevo escenario (de formas fractales, de geometría y de patrón, de fórmulas algorítmicas o bits de información, como se ha caracterizado arriba) lo será en mayor medida: no hay movimientos libres generados por azar.

Fotograma de «Inmersión (3)», 2019, vídeo monocanal, sonido, 3’18».
Música: Luis de la Torre. Cortesía de la artista.
De tal modo, la presente exposición ni resuelve debates ni ofrece alternativas, describe parte del panorama del pensamiento actual y permite su reflexión (pese al poso desesperanzado). La alusión al universo de la ciencia ficción de la muestra, es parte de la ficción general del imaginario de Marina Núñez, de la producción mental y subconsciente, del mundo de los sueños —véase, p. ej., la similitud con obras dalinianas como La obra de la guerra (1940) o la Figura rinoceróntica del Ilisos de Fidias (1954)— y de los monstruos — con recuerdo a las deformaciones faciales de Bacon y a una de las brujas en el Macbeth de Helnwein, entre tantos).
Se aprecia la capacidad de la artista de condensar en su obra buena parte de las inquietudes del pensamiento contemporáneo, en particular aspectos vinculados al feminismo y al ecologismo. En su discurso queda patente el universo cyborg (Haraway, 1995), la disolución de las dicotomías modernas (Latour, 2007), las fronteras desdibujadas y líquidas baumanianas (Bauman, 2000) —o dalinianas, que apuntan en este mismo sentido (Núñez, 2004)—, la consciencia de la acción humana sobre la naturaleza (Crutzen, 2002) y la mascarada que niega la existencia ontológica de la feminidad (Butler, 2007). Propuestas siempre atractivas y sugerentes, de reconocimiento internacional, que continúan recibiendo elogios. En julio de 2021, Marina Núñez recibió el premio de la Colección BEEP en ARCOmadrid en su decimosexta edición, por las obras: «Naturaleza Muerta Oleaje» y «Naturaleza Muerta Tornados» (ambas de 2021). Con motivo de estos encuentros, la exposición «Sin Piel» y la feria internacional de arte contemporáneo, contactamos con la artista para conversar sobre las cuestiones más destacadas de su producción artística y los nuevos escenarios a los que se enfrenta el arte contemporáneo en la actualidad. Sin duda, la mejor forma de desbrozar la narrativa que sustenta su obra y trayectoria.
Bibliografía, notas y fuentes:
Bauman, Zygmunt (2000) Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Butler, Judith (2007) El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Paidós.
Crutzen, Paul Jozef (2002) «Geology of Mankind: The Anthropocene», Nature 415: 23. Doi: 10.1038/415023a
Eco, Umberto (1990) Obra Abierta. Barcelona: Ariel.
Haraway, Donna (1995) Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Madrid: Cátedra.
Latour, Bruno (2007) Nunca fuimos modernos. Ensayo de antropología simétrica. Buenos Aires: Siglo XXI.
Nuñez, Marina (2004) «La realidad incierta (Dalí delirante)», Arte y Parte 52: 96-111. http://www.marinanunez.net/textos/la-realidad-incierta-dali-delirante/
Tejada, Isabel (2011) «Marina Núñez o la construcción del cíborg. Un discurso multimedia entre la utopía y la distopía», Icono 14 18 (1): 1-19. Doi: 10.7195/ri14.v9i1.220
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